Azul era el color de la tinta con el que experimenté la plenitud de las primeras letras reconocibles por los otros, y respetadas por el sistema socio-escolar. Azul intenso es el cielo por las noches cuando insinúa silenciosamente la grandeza de lo sencillo. Azul es el océano, único arcón abierto… juego del tesoro que nadie termina de descubrir. Azul se me figura el color de la caricia. Entre el cielo y el mar el azul flota, se choca, a la Tierra toda se expande. En azul veo navegar la poesía, vertiente nutricia que reinventa la vida, la ilusión y el sentir. Azul veo la línea que une los enigmas, el hilo que teje la causa. Azul siento el aire que me sostiene. Azul el Mediterráneo y el Atlántico… Azul es el color de Venezia. Azul se me vuelve título del Todo.

jueves, 12 de abril de 2012

Pablo Neruda

Hoy, en la sencillez de la mañana,
una nueva vez, ante mis ojos,
                                             tu grito,
                                                         tan americano, tan sureño, tan mundano.
Entre tantos poetas en los que me alivio
y me renuevo,
                     vos sos el espejo más nítido.
                     Sos de acá y hacía allá,
                     sos de ayer, de hoy y de quizás.


Hay en tu poesía una geografía que me construye.
Hay en tu decir una desobediencia que me anima.
En tu origen -confieso- se me lavan los rencores.
En tu voz siento tus pasos,
en tu melancolía me encuentro,
y trascendiéndolo todo, me fundo
en tu Azul enamoramiento:
                     ese encandilarse con la Natura,
                     con sus ciclos y sus frutos,
                     sus poderes y hermosuras.


Poeta de mares profundos,
                     de riberas cotidianas,
                     de piedra y arcilla americana,
                     de luces universales,
                     de pasiones, anuncios y confesiones.
Maestro de palabra, cartógrafo de emociones,
                     frágil y fuerte,
                     hombre real,
                                         remanso de una deriva.

Renace

Leen las hojas otoñales,
el hastío de este suelo.
Se degrada la energía,
se precipita y muere.
Entonces, la muerte
hace lugar a la vida.
La transición es tiempo,
la mutación es luz.
En la opaca humedad
se entierra la sombra.
¡Bienvenido el color!
El crujido bajo los pies
sabe a quiebre.
Y desde el polvo
de millares de hojas,
surgen brotes verdes.
Sí, verdes.
                Verde camino.
Verde olivo, sauce,
pino, eucalipto,
                 Verde copas,
                                     Verde néctar.

No es posible la prisa

He visto a una niña sufrir.
La pena se le hunde en el pecho.
Hubo un suspiro
que interrumpió su llanto:
"extraño a mi Papá".
Ay, si pudiera yo quitarte
                                      el dolor.
Si lograra rescatar la caricia que te dé
                                      el consuelo.
Sólo puedo sostener tu cuerpo
                                      en este abrazo.
Acompañarte en la búsqueda
                                      de la calma.
El dolor no puede quitártelo
                                      nadie.
A la angustia no hay palabra
                                      que la desaloje.
Niña en pena, la vida te quiebra
                                      hoy.
Te prometo que mañana te encontrará
                                      entera.

Isla nocturna

Despoblada de palabras.
Pletórica de besos
crece la noche.
Escultura fundida
en pieles de bronce,
bocas de mora.
Latidos inmensos,
sonidos precipitados
en un solo aliento.
No hay muros,
ni tierra, ni cielo.
Navegan y naufragan.

Querido Oscar

Aguerrido en su calma.
Afianzado en sus principios.
La mirada clara y directa.
La palabra honesta
y el hacer dispuesto.
Un eje ancestral lo ilumina.
Lo justo lo convoca.
Presencias y ausencias
lo habitan.
En mi recuerdo:
un joven divertido y ¡bueno!
En mi presente:
un ser confíable,
prudente, sincero, preciso.
En la conjunción 
de ayer y hoy:
                       ¡un Amigo!

miércoles, 11 de abril de 2012

Partía

Hubo una mirada,
que nunca ví.
Oí una voz,
que jamás sonó.
Llegó un regalo,
que no envió.                                                         agua
Sentí un abrazo,
que guardó.                                                                             agua


Todo dibujo,                                                                                           
engaño, agua
que va, para                                                                  agua
no venir,
para partir
¡eternamente!
Sólo hubo                                                                                        fuga
lo que no hubo.

La cautiva

Sintió la carreta,
adivinó su promesa.
Los caballos le obedecían.
Su cuerpo retrocedía, lejos,
hasta su piel nueva.
El camino de sauces,
abría aquella luz,
la que ignoraba las sombras,
la que conducía al viejo escondite.
Se anunciaba un ensueño,
retornaba el perfume
del hombre único, vedado,
amado, esperado.
                            Siempre esperado.


El sol ya se iba,
el abrigo se perdía,
entonces, retornó:
alzó la mirada, y 
comprendió.
El tiempo había arrebatado
el romance, sus juventudes,
sólo permanecía el recuerdo, 
el dolor, la tristeza, la espera.
                             Siempre la espera.


Sus dalias la acompañaban,
le daban el granate de ayer,
anidaban las palabras, ya viejas.
La casa, el escondite,
conservaba las risas,
perdonaba las mentiras.
El ensueño del amor,
la locura de la muerte,
la tibieza del recuerdo,
todo vuelto espera.
                             Siempre la espera.


Tal vez, retornara,
ella quería morir
del modo escondido
que conoció la vida.
                             Vuelve la espera.